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Izquierdo nació el 30 de octubre de 1902 en San Juan de Los Lagos, Jalisco. Parte de su infancia transcurrió en esa ciudad. Poco después, tras la muerte de su padre, se trasladó con su madre a Torreón. A los 26 años de edad llegó a la ciudad de México, donde ingresó a la Academia de San Carlos.

Tuvo a su mejor maestro en la persona de Rufino Tamayo, quien ejerció notable influencia en su obra. Apoyada por Diego Rivera, expuso por primera vez en la Galería de Arte Moderno, en 1929.

A propósito de los 50 años de la muerte de su madre, Aurora Posadas la recuerda pintando incesantemente: ""Era grandioso verla, se ponía a pintar aunque hubiera gente; ella se metía en su pintura y lo que había alrededor no le molestaba.

""La recuerdo sentada en su silla, frente al caballete, rodeada de todos los animales que tenía: perros, gatos, una changuita y un mapache que le regaló Pablo Neruda.

""Comenzaba a pintar a las siete de la mañana. A las 12 paraba, se arreglaba y se iba a dar clases a La Esmeralda."

Intensidad en el manejo del color

María Izquierdo fue una referencia obligada en la vida cultural mexicana de los años 30 y 40 del siglo pasado. Formó parte de un selecto grupo de intelectuales entre los que destacaban Xavier Villaurrutia, Celestino Gorostiza, Andrés Henestrosa, Manuel Alvarez Bravo, Carlos Pellicer, Alfonso Reyes, Pablo Neruda y Elías Nandino.

Aurora Posadas recuerda de las reuniones de María Izquierdo con sus ilustres amigos: ""Platicaban de pintura, de música. A nosotros no nos dejaban estar porque éramos chiquillos, pero nos dábamos cuenta cuando había reunión.

""Cada quien escogía algo que había escrito, algo que habían pintado o una composición musical y las daban a conocer en esas reuniones que llamaban pascolas." Entre los indígenas del noroeste de México, una pascola es una especie de fiesta de las artes.

En el ciclo de conferencias organizado para conmemorar el 50 aniversario luctuoso de María Izquerdo participarán las especialistas Elia Espinosa y Laura González Matute.

De acuerdo con la crítica especializada, la pintura de María Izquierdo la ubica como una artista inconfundible, sin igual en la elegancia de sus texturas y la intensidad de su manejo de color, esa forma de utilizar el óleo -acabado pastoso y un tanto áspero- pero que a la vez se mantiene fresco a pesar del transcurso del tiempo.